
Aunque somos tan fantasmas, que nos pareció hasta poco.
Salimos de Rodellar a las 7 de la mañana y tras tres horas de aproximación llegamos a almorzar a la cabecera.
Las 7 horas de descenso,incluyendo el Barrasil, fueron de disfrute total, con una soledad maravillosa que se debió al precioso día que nos salió.
















Los rincones que rodeaban la última cascada eran espectáculares. Luego ya solo nos quedaba nadar, nadar y nadar y andar y andar y andar.



Y...el remate final: salir en la puerta del bar y poder echar las birras con los 8 euros de Javier.
1 comentario:
el barranco precioso pero yo hasta el jueves no he sido persona...
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